11 de junio de 2016

Betrayer, Aaron Dembski-Bowden

¿Me creerás si te digo que hace semanas que ansío escribir en el blog?
Pues deberías, porque es la verdad. He estado trabajando a destajo este último mes y pensaba que no podría ofrecerte ningún libro en junio, tal y como me pasó en mayo, pero... ¡descubrí que no!
Esta vez te traigo un libro relacionado con mi trabajo. Se trata del número 24 de la colección La Herejía de Horus, de Warhammer.


Siento no traerte la portada esta vez, pero lo leí como e-book y no llevaba portada alguna. Lástima. Sin embargo, si te resulta familiar este tipo de lecturas sabrás como suelen ser las ilustraciones: épicas, con mucho movimiento, colores vibrantes y sangre.
No es el primer libro de Warhammer que me leo, la verdad, aunque sí que es el primero que me leo entero. No es porque los anteriores no me gustasen, simplemente me quedé por el camino y olvidé retomarlos. Supongo que algún día los acabaré.

En este número, la acción se centra en tres capítulos de Marines Espaciales: los Devoradores de Mundos, los Portadores de la Palabra y los Ultramarines. Los dos primeros, partidarios de Horus y su rebelión contra el Imperio, viajan a través de Ultramar para aniquilar y destruir todos los mundos que están bajo el dominio de los Ultramarines, capítulo que se mantiene leal al Emperador.
Está dividido en dos partes: en la primera, atacan el mundo de Armatura y, en el segundo, Nuceria. Lorgar, señor de los Portadores de la Palabra, un erudito muy místico, está componiendo la canción de la disformidad para poder atraer los poderes de los Cuatro Dioses del Caos al mundo material mientras Angron, señor de los Devoradores de Mundos, gladiador y combatiente algo asalvajado, intenta no sucumbir bajo los maquiavélicos Clavos de Carnicero, que le están destruyendo el cerebro y le hacen perder el control de su cuerpo y mente. Y mientras tanto, batallas, naves espaciales, sangre y muerte por doquier.

No soy una aficionada a las figuritas ni nada, pero reconozco que las novelas son bastante entretenidas. Tampoco soy una experta en este tema, sinceramente, pero le estoy cogiendo el gustillo. Ya sé que, ya puestos, debería haber empezado por el primero de todos ellos, Horus, señor de la guerra, pero cayó en mis manos este. No me juzgues, algún día lo leeré (o eso espero hacer).
La verdad es que es un tipo de fantasía épica/aventura/ciencia-ficción (¿cómo lo catalogan?) que al principio puede desconcertarte, especialmente si no conoces el universo en el que transcurre toda la dilatada y detallada historia, pero si decides comenzar en este mundillo, pues no está nada mal.
Por si te lo preguntas, lo leí en inglés, porque a España no llegará hasta septiembre, según tengo entendido.

2 de mayo de 2016

Correspondencia (1945-1970), Yasunari Kawabata y Yukio Mishima

Buenos días, ¿cómo va eso?
Esta vez me he esforzado por acabar el libro antes de que llegara mayo, de veras que sí, pero, como siempre, entre unas cosas y otras el tiempo se me ha echado encima y, bueno, no ha sido posible. Aún así, sólo llevamos dos días de mayo, tampoco se me ha ido mucho el tiempo. Aunque sé que a ti te da igual, ¿verdad? Lo que cuenta es que hay entrada de blog nueva.

Aun a riesgo que parecer monotemática, el libro que nos ocupa esta entrada combina a dos de mis escritores japoneses favoritos y de los que ya he hablado en más de una ocasión en este blog: Yasunari Kawabata y Yukio Mishima. El libro es una recopilación de cartas que, durante 25 años, estuvieron intercambiando estos dos escritores. Sí, me he fijado, en este blog hay un sinfín de recopilatorios y compendios literarios. No, no lo he hecho a propósito, ha sido pura casualidad, y empiezo a sospechar que, inconscientemente, favorezco este tipo de lecturas, pero... ¿qué le voy a hacer? Me ha venido así la cosa. Sigamos.


Si no lo he explicado en otras entradas, lo explicaré un poco en esta: Kawabata y Mishima son dos de los escritores más importantes en la literatura japonesa del siglo XX. Siendo muy joven y un escritor en ciernes, Mishima le escribe una carta a su autor favorito, Kawabata, y así empezaría una bonita relación, tanto profesional como personal, que duraría 25 años, hasta el suicidio de Mishima en 1970.
El joven escritor muestra en todas y cada una de las cartas un respeto y una admiración extremos; por su parte, Kawabata expresa a su vez humildad ante tal devoción y asombro por el gran talento que ve en el joven.
Al principio la relación parece ser de discípulo y maestro, pero una vez Mishima consigue su lugar en el mundo literario, su amistad se extiende y se expande más allá de la de dos compañeros de profesión, con gustos similares y que sienten admiración mutua: se convierten en amigos, cómplices y grandes conversadores.
Parece un tanto soprendente que dos personas tan diferentes hubieran podido llegar a fraguar una amistad tan profunda y sentida: por un lado, Kawabata es un hombre ya anciano con problemas de salud reiterados, tranquilo, apacible, un observador de la vida; por otro lado, Mishima es un hombre joven, activo, amante de la vida, que rinde culto al cuerpo y no duda en enfrentarse a la sociedad que detesta. Son dos polos opuestos que se sienten atraídos por el mismo ideal de belleza y el amor por la palabra escrita.
Ambos eran escritores muy activos en su época. Escribían relatos que publicaban en revistas literarias tanto semanales como mensuales, participaban en sociedades y grupos de letras, y, precisamente por eso mismo, viajaban muchísimo, tanto dentro del mismo Japón como por el resto del mundo.

Leer estas cartas me ha proporcionado una visión más amplia de quíenes eran. Como seguidora de sus obras, me ha gustado mucho asomarme cual voyeur a su estilo de vida, a sus actividades, a sus pensamientos más íntimos, y así he podido comprender mejor, aunque sólo fuera un poquitín, a las personas que había detrás de los libros que tanto amo. ¿No te pasa a ti? Cuando te gustan varios libros de un mismo autor, ¿no ardes en deseos de averiguar más sobre esta persona? ¿No ansías conocerla más a fondo, saber lo que pensaba, el por qué escribía lo que escribía? ... No sé, igual es que yo soy muy cotilla, pero hay un puñado de autores que... me apasionan, y me encanta saber más sobre su vida, su época, sus costumbres.


8 de abril de 2016

El pequeño libro de las 500 palabras para parecer más culto, Miguel Sosa

Sí, lo sé. No escribí en marzo. Y no sabes lo mucho que lo siento. Pero tengo una buena excusa (si la consideras buena, claro): trabajo. El mal de esta sociedad, tanto por su ausencia como por su abundancia. El mundo de las contradicciones.
Me embarqué en un proyecto más grande de lo habitual, que ha abarcado un mes entero enterito, y hace unos días que conseguí terminarlo. Os hablaré de él más adelante, porque también está relacionado con los libros, pero de momento no quiero adelantar acontecimientos. Ya se verá.
Bueno, ahora que me he quitado un gigantesco peso de encima, he podido volver a leer de nuevo y, por fin, he conseguido terminar el libro que nos ocupa hoy: El pequeño libro de las 500 palabras para parecer más culto. Si te descuidas, el título es más largo que el libro en sí.
Este es uno de esos libros que te encuentras en la librería, lo coges porque el título llama la atención, le echas un vistacillo rápido en plan cotilla y lo vuelves a dejar en el estante. Sin embargo, esta vez yo no lo solté. Me picó la curiosidad. No sé si te pasará a ti también, pero, supongo que por deformación profesional, intento estar al día en lo que respecta a la lengua castellana, aunque en parte también se debe al interés que siento por las cosas curiosas de la lengua (o que yo considero curiosas, vamos). Esto de ver vocablos raros que nadie usa y que, sorprendentemente, alguien usó en alguna ocasión me parece de lo más interesante. Últimamente está muy de moda esto, ¿no? Lo de escudriñar y diseccionar la lengua, o eso me parece a mí. Lo dicho, igual es porque mi profesión está muy ligada a esto que, quizás, lo veo con asiduidad.
Bueno, ya dejo de dar vueltas a lo tonto.


Se trata de un libro pequeño, tal y como dice el título, en el que Miguel Sosa ha recopilado las 500 palabras del castellano que, según su criterio, han caído en el olvido, el desuso o la simple ignoracia, pero que siguen presentes en nuestra lengua. Son esas llamadas "raras", esas palabras que enriquecen nuestro idioma, dotadas de sonoridad y significado, y hay para todos los gustos.
Lo que más me gusta es la organización del libro: están ordenadas por orden alfabético, y cada entrada cuenta con el origen del vocablo, su significado (o significados) y un texto real en el que se ejemplifica su uso. Lo bueno de esto último es que puedes descubrir libros y autores nuevos, o no tan nuevos, con los que seguir tu ruta lectora.

Quisiera dejar constancia aquí de las tres palabras que más me han gustado del libro:
- grimorio: libro de fórmulas mágicas usado por los antiguos hechiceros. Explicación: una amiga mía, medio francesa, me preguntó en su momento si existía esta palabra, dado que en francés ya la había utilizado anteriormente y quería saber si en español también se usaba. Nada más verla, me acordé de ella.
- jeme: distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del índice, separado el uno del otro todo lo posible. Explicación: poca explicación hay más que me resultó un dato curioso. El jeme de mi mano sería de unos 15 cm.
- lardoso: grasiento pringoso. Explicación: encontré relación directa con la serie "Los Simpson" y la tienda de rosquillas que le encanta a Homer, Lard Lad.

Me gustaría señalar también que me ha sorprendido encontrar términos que ya conocía, como cerúleo, súcubo o titilar. Por unos breves momentos me he sentido una persona culta de verdad, fíjate.

A mi parecer, es uno de esos libros que nunca sobran en las estanterías.

29 de febrero de 2016

Vestidos de noche, Yukio Mishima

Aquí estoy, viviendo al límite del mes para traerte una nueva lectura. Suerte que febrero cuenta con un día de más este año, cosa que ilustra Google con un tierno doodle con conejitos.
Sinceramente, nunce me imaginé que iba a estar tan ocupada como lo estoy estos últimos meses. A penas tengo tiempo para dedicarme a mis pasatiempos habituales, aunque no debería quejarme por ello. Estoy haciendo cosas que me gustan y eso es recompensa suficiente.

En esta ocasión, te traigo el cuarto libro que, hasta ahora, he leído de uno de mis autores japoneses favoritos: Yukio Mishima. Recapitularé con brevedad las obras que ya he leído, quizás conozcas alguna de ellas y así podríamos compartir impresiones, sería interesante.

- El rumor del oleaje
- El color prohibido
- Confesiones de una máscara

... y la que nos ocupa hoy: Vestidos de noche.

¡Espero no dejarme ninguno! Sería una grave falta por mi parte.


Compré este libro el año pasado en una librería de San Sebastián. Me encontraba yo ojeando los estantes cuando me encontré de frente con él. Entonces lo cogí y no lo solté hasta llegar a la caja registradora. No había oído hablar de él antes, así que sentí curiosidad por esta obra desconocida de mi venerado Mishima.

Y la historia cuenta lo siguiente:
Década de los sesenta, ciudad de Tokio. Ayako es una chica joven, hija de un empresario farmacéutico, aficionada a la hípica. En el club al que pertenece acuden muchos personajes de la alta sociedad, acaudalados y con importantes influencias. Una de las amazonas más veteranas y talentosas, la señora Takigawa, es la viuda del antiguo embajador japonés en Londres, y aprecia enormemente a Ayako, por lo que decide organizar un encuentro para que conozca a su hijo Toshio, un joven apuesto, con porte elegante y amplios conocimientos en diversas materias. Los dos jóvenes parecen gustarse mutuamente y deciden comprometerse.
Todo parece muy bonito, pero en el fondo existe cierta tensión escondida entre las costuras.
A la señora Takigawa le encanta organizar fiestas con invitados de alta alcurnia y de gran poder social y económico, e intenta enseñarle a Ayako cómo organizarlas para que pueda continuar con esa tradición suya. Sin embargo, su hijo aborrece este tipo de fiestas y no tolera que su madre se inmiscuya en su relación e intente arrastrar a Ayako a ese mundo irreal en el que ella vive. Ayako se encuentra entre la espada y la pared: por un lado, quiere contentar a su suegra haciendo lo que ella quiere, mientras, por otro, no quiere hacer enfadar a su comprometido ni que este se enfade, a su vez, con la madre.

La personalidad de cada personaje es muy distintiva y queda muy clara desde el principio, al menos desde una perspectiva occidental.
La señora Takigawa es una mujer caprichosa, a quien le gusta llamar la atención, y acostumbrada a vivir en un mundo de pompa y circunstancia rodeada de la gente más refinada y acaudalada de todo el mundo. Toshio, en contraposición, es un chico  que disfruta viviendo a su manera. Siente la necesidad de liberarse del yugo económico de su familia (aunque en el fondo no le importe vivir de ese dinero) y está enamorado de la palabra "libertad". Ayako parece ser el prototipo de mujer sumisa, que quiere complacer a su marido y a la familia de este, que calla para no crear discordia y se deja llevar por los demás. Sin embargo, hay momentos en los que se muestra un tanto rebelde, pero siempre acaba apagando esa llama y siguiendo "las reglas".

A pesar de todos los rasgos negativos que estoy diciendo, el libro me ha gustado. La lectura es amena y nada pesada, es muy ligera. Además, no voy a decir nada, pero... el final... Uy, el final. Me dejó un poco trastocada. Hasta aquí puedo leer.

12 de enero de 2016

Cagando leches, Héloïse Guerrier y David Sánchez

Hola de nuevo. En la última entrada del blog ya te avisé que me volverías a ver muy pronto, y ahora entenderás por qué.
Tengo el placer de presentarte... la "segunda" parte del recopilatorio de expresiones castellanas Con dos huevos, titulada esta vez Cagando leches.
Poco hay que pueda contarte de este libro que ya no sepas tras leer la anterior entrada del blog. Se trata de la misma autora y del mismo ilustrador, aunque las traductoras al inglés y el francés son diferentes (mecachis). Aparecen otras muchas expresiones que nada tienen que envidiar a las del número anterior, como por ejemplo "marear la perdiz", "tirar la casa por la ventana" o "escurrir el bulto". Y, cómo no, tenemos a otro brillante autor de nuestra lengua ilustrando otra expresión muy pero que muy nuestra. En esta ocasión, mi querido Quevedo nos muestra muy explícitamente el título del libro.


... y ya está. No hay mucho más que contar. Es igual que el primer recopilatorio, pero con expresiones diferentes, claro está.
Me pregunto ahora qué podría leer para la próxima entrada... Algo que no sea tan breve como estos dos últimos libros.